Un día cualquiera nos levantamos. Quizás pedimos una taza de té y una tapa en el bar, escribimos la lista de lo que falta en nuestra nevera, hacemos la compra en el supermercado y también leemos en el periódico un titular que dice: “La IA nos va a robar el trabajo”. En todos estos casos, hemos recibido o intercambiado información. Pensamos que esto ocurre en un mundo objetivo, pero en realidad operamos en una realidad construida, una suerte de matrix como la de la película de Keanu Reeves dirigida por las hermanas Wachowski.
Solemos creer que el lenguaje es solo una herramienta de comunicación, pero en realidad es el código que construye nuestra percepción del mundo. La lingüística es la ciencia que nos permite ver y entender ese código. En mi reciente libro, 20 razones para amar la lingüística, explico cómo esta ciencia estudia y desentraña la naturaleza de una de las capacidades más especiales y definitorias del ser humano.
El algoritmo que hace posible entenderse
Cuando pedimos una taza de té, el camarero entiende fácilmente que no queremos la taza, sino un té; tampoco queremos una tapa para cerrar un bote, sino una pequeña porción de algún alimento que acompañe nuestra bebida. El camarero, como cualquier hablante, llega directamente a la interpretación final de esas expresiones.
El lingüista, en cambio, ve el algoritmo que las hace posibles: la metonimia “contenedor por contenido” (taza de té por té) y la metáfora conceptual que utiliza la analogía con las tapas de los botes para referirse al pequeño bocatita que según leyendas varias los taberneros colocaban sobre los vasos de vino o los bebedores usaban para tapar los efectos del alcohol.
Lenguaje y memoria
Si se nos olvida la lista de la compra y somos hablantes de español seguramente recordaremos peor los primeros elementos de la lista que un hablante de japonés o coreano. Los lingüistas saben que se debe a que estas lenguas tienen una estructura SOV (Sujeto-Objeto-Verbo) que acostumbra a poner los modificadores antes que el sustantivo (por ejemplo, en estos idiomas se dice: “el brillante y luminoso, de navidad árbol”).
Esta particularidad hace que los hablantes de estas lenguas retengan mejor la información inicial de un listado de palabras ya que su idioma les ha entrenado para desarrollar su memoria de trabajo a corto plazo, reteniendo los adjetivos en su mente hasta llegar al objeto.
Por ejemplo, cuando por fin nos acordamos de lo que queríamos comprar y vamos a pagar, puede que necesitemos contar las monedas de 20 céntimos que tenemos en la cartera. Si somos hablantes de euskera podremos sumarlas un poquito más rápidamente que si hablamos italiano o español.
De nuevo, la lingüística puede explicar esta curiosidad. El euskera es una lengua que tiene un sistema numérico en base 20. El español y el italiano son sistemas decimales (base 10). Otros idiomas, como el francés, mezclan estas dos bases.
El ekari de Papúa Nueva Guinea tiene un sistema en base 60, y otras lenguas ni siquiera tienen palabras para nombrar cantidades mayores de 3 unidades. El pirahã, una lengua amazónica, carece de números. Este agujero lingüístico parece estar ligado a la dificultad que tienen sus hablantes de reconocer cantidades exactas mayores de tres.
Narrativas y metáforas
Por cierto, el yogur que elegimos porque es un 80 % libre de grasa es exactamente igual que el que no hemos comprado porque en su etiqueta nutricional declaraba un 20 % de grasa. Los especialistas en marketing, entre los que suelen encontrarse lingüistas, manipulan así las narrativas publicitarias, mostrándonos el producto desde el marco lingüístico más atractivo para influir en nuestra decisión de compra.
Algo parecido hacen los políticos y los periodistas. Cuando leemos en el periódico que “la IA nos va a robar el trabajo”, se nos está presentando lingüísticamente la inteligencia artificial como un ser con capacidad de decisión y acción. Esta personificación metafórica oculta al verdadero agente (grandes tecnológicas) y diluye la responsabilidad de los efectos de la IA sobre el mercado laboral.
Influencia en la salud física y mental
Como muestran estos ejemplos cotidianos, el lenguaje es el código con el que se construye la matrix en la que habitamos.
Pero además, tiene efectos beneficiosos sobre la salud, ordena y da sentido al mundo en el que vivimos, permite trascender la inmediatez del aquí y el ahora, nos ayuda a coordinarnos para defendernos de amenazas y evolucionar como especie; es un instrumento de opresión, pero también de liberación; es nuestra piel, nuestra tarjeta de presentación, nos protege y también nos delata, desenmascarando a tramposos, criminales y falsificadores.
Una ciencia fundamental
La lingüística, la disciplina que nos ayuda a entender el lenguaje, es como cualquier otra ciencia que estudia aspectos fundamentales del ser humano. Y sin embargo, a menudo su naturaleza científica se pone en duda.
Quizás esto es así porque su objeto de estudio no es observable ni medible. El lenguaje es una capacidad intangible e invisible. Sin embargo, físicos y matemáticos buscan descubrir la naturaleza de la materia oscura del universo, también invisible, y predijeron la existencia de los agujeros negros antes de poder verlos a través de un telescopio, y nadie cuestionaría el carácter científico de estos estudios.
La materia oscura de nuestro universo comunicativo
Los lingüistas estudiamos el lenguaje, la materia oscura de nuestro universo comunicativo, invisible e inmaterial, observando su reflejo sobre lenguas concretas. Analizamos su uso en situaciones reales (habla) llevando a cabo estudios estadísticos basados en corpus informáticos de millones de palabras.
También realizamos complejos experimentos psicolingüísticos y neurolingüísticos mediante resonancias magnéticas funcionales y electroencefalogramas, sensores de sudoración, pupilometrías y oculometrías. Gracias a ello sabemos que el lenguaje influye en nuestra percepción de la realidad, en nuestra toma de decisiones, en nuestra creatividad, salud, memoria y capacidad de razonamiento y cálculo, entre otros muchos aspectos de nuestra vida diaria.
Parecen razones más que suficientes para amar la lingüística. Pero si aún no he logrado resultar convincente, hay muchas más.
Al realizar un análisis lingüístico de la carta del
presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, publicada el 24 de abril, y su declaración efectuada cinco días después, encontramos un ejemplo de uso de una estrategia muy efectiva desde el punto de vista de la comunicación y la persuasión: la metáfora primaria o metáfora de correlación, un mecanismo conceptual que puede convertir una simple carta en un huevo de pascua.
Las estrategias discursivas de la carta de Sánchez merecerían un artículo aparte, pero en este vamos a concentrarnos en un único párrafo y en concreto en la expresión que aparece en negrita:
“Sin ningún rubor, el Sr. Feijóo y el Sr. Abascal, y los intereses que a ellos les mueven, han puesto en marcha lo que el gran escritor italiano, Umberto Eco, llamó la máquina del fango. Esto es, tratar de deshumanizar y deslegitimar al adversario político a través de denuncias tan escandalosas como falsas.”
Pedro Sánchez atribuye a dos líderes de la oposición el haber puesto en marcha la máquina del fango. Con esta expresión activa una metáfora primaria bien conocida en los estudios de lingüística cognitiva:
LA MORALIDAD ES LIMPIEZA
LA INMORALIDAD ES SUCIEDAD.
Lo hace en la carta del 24 de abril y vuelve a utilizar la misma estrategia en su declaración del lunes 29 de abril, solo que en esta ocasión elabora la metáfora para erigirse en el líder de la limpieza de ese fango, objetivo para el que solicita la ayuda del resto de la ciudanía:
“Una reflexión colectiva que abra paso a la limpieza, a la regeneración, al juego limpio. Llevamos demasiado tiempo dejando que el fango colonice impunemente la vida política, la vida pública, contaminados de prácticas tóxicas inimaginables hace apenas unos años.”
“Pongamos fin a este fango de la única manera posible: mediante el rechazo colectivo, sereno, democrático, más allá de las siglas y de las ideologías, que yo me comprometo a liderar con firmeza como presidente del Gobierno de España.”
Cuestión de metáforas
¿Qué es una metáfora primaria? Las metáforas no son sólo un recurso literario propio de la poesía. Las metáforas son como los brackets.
Igual que los padres sabemos que allí dónde hay un niño o un adolescente es muy probable que haya unos brackets dentro de sus bocas, los lingüistas también hemos comprobado que allí donde hay un acto comunicativo, habrá con casi toda seguridad alguna metáfora.
Los humanos pensamos, vemos y entendemos el mundo en muchas ocasiones a través del filtro de esta operación conceptual.
Mediante las metáforas comprendemos ideas complejas y abstractas, como por ejemplo el amor, proyectando sobre ellas nuestro conocimiento acerca de conceptos más sencillos y cotidianos, como los viajes.
Este juego conceptual se plasma en el lenguaje cuando decimos, por ejemplo, que nuestra relación va cuesta abajo y sin frenos o que nuestro amor se ha estrellado contra un muro. EL AMOR ES UN VIAJE es una metáfora por semejanza basada en lo que ambos dominios (amor y viajes) tienen en común.
Las metáforas de este tipo son las más conocidas, pero existen otras que no se basan en la semejanza sino en la correlación.
MORALIDAD ES LIMPIEZA /
INMORALIDAD ES SUCIEDAD es una de ellas.
Este segundo tipo de metáforas, conocidas como primarias, surgen de correlaciones habituales y repetitivas entre dos conceptos en nuestra experiencia cotidiana, es decir, de cosas o eventos que percibimos ocurriendo siempre de manera simultánea.
Un ejemplo clásico es la metáfora que correlaciona cantidad y altura. Sabemos que cuantos más libros colocamos uno encima del otro, más altura tendrá la pila de libros; que cuanta más agua añadamos a un vaso, más subirá su nivel, etc. Como explica George Lakoff estas correlaciones experienciales y persistentes terminan por crear sinapsis neuronales entre los conceptos de cantidad y altura, de forma que nuestro cerebro los acaba fusionando y eso nos permite usar uno de ellos en lugar del otro. Hablamos así de subir el volumen para expresar la idea de aumentarlo o bajar la ratio de alumnos para comunicar la necesidad de que haya menos alumnos por clase, etc.
El huevo de pascua
La frase en la que Sánchez sugiere que la oposición ha puesto en funcionamiento la máquina del fango funciona comunicativamente a modo de huevo de pascua, escondiendo una metáfora primaria: LA INMORALIDAD ES SUCIEDAD, que asigna a sus contrincantes políticos. Las metáforas son irresistibles para el cerebro humano.
Como puede constatarse en los medios de comunicación y redes sociales, la frase ha prendido como una cerilla en un pajar entre los periodistas, los comentaristas y la gente de a pie que después comentaban la noticia.
Una de las características que hace especiales a las metáforas primarias es que tienen una base experiencial. Son corpóreas. Las percibimos como algo físico.
En el caso de la metáfora que nos ocupa, Grady (1997) señala que la correlación se establece entre los objetos con los que interaccionamos habitualmente (como la comida) y la evaluación que hacemos de ellos basada en su apariencia. Lo sucio no es atractivo y además es generalmente insano. A esto hay que añadir que tanto lo sucio como lo inmoral nos producen una sensación similar de desagrado. Incluso los gestos faciales que hacemos al percibir uno u otro son similares. Las dos sensaciones activan también regiones en nuestro cerebro que se solapan. Es decir, nuestro cerebro activa zonas similares al procesar la sensación de suciedad y la idea de inmoralidad. De esta manera terminamos fusionando lo moral (bueno) con lo limpio y lo inmoral (malo) con lo sucio.
Manos limpias
El nombre de la organización Manos Limpias es un ejemplo claro de cómo esta metáfora subyace a nuestra comprensión de la moralidad.
La fusión entre limpieza / suciedad y moralidad / inmoralidad está tan arraigada en nuestra mente que emerge en refranes, frases hechas y el lenguaje cotidiano sin que seamos apenas conscientes de ello (“juego sucio”, “mente sucia”, “conciencia limpia”, “higiene moral” , “limpiar los pecados”, “ensuciar / limpiar la reputación de uno”, “tener un historial limpio”, etc.).
La recurrente amenaza paternal de lavar la boca de los niños con jabón cuando dicen algo inapropiado es solo otra manifestación más de esta unión mental entre lo inmoral y lo sucio, como lo son también algunos ritos religiosos (los cristianos limpian el pecado mediante el bautismo, mientras que los musulmanes hacen abluciones para purificar su cuerpo antes del rezo).
El efecto Lady Macbeth
En la conocida obra de William Shakespeare, tras el asesinato del rey Duncan, Lady MacBeth pronuncia un famoso monólogo en el que exclama: “¡Fuera, maldita mancha!”, mientras mira sus manos ensangrentadas. “¿Nunca estarán limpias estas manos?”. La necesidad compulsiva de limpiar la sangre que mancha sus manos es una metáfora de su incapacidad para librarse del sentimiento de culpa por su colaboración en el asesinato del rey: Lo inmoral es sucio.
Lady Macbeth da nombre a un efecto cognitivo asociado a esta metáfora primaria que demuestra la solidez de nuestra asociación mental entre lo inmoral y lo sucio, así como las consecuencias de esta correlación.
Diversos experimentos psicolingüísticos han demostrado que los actos inmorales nos hacen pensar y hablar en términos de suciedad o de limpieza cuando sentimos culpa, como le ocurre a Lady Macbeth, y también que la suciedad dirige nuestra mente a pensamientos ligados a la inmoralidad e incluso puede influir en nuestros juicios morales sobre determinadas acciones.
Chen-Bo Zhong (Universidad de Toronto) y Katie Liljenquist (Universidad de Northwestern) llevaron a cabo un estudio experimental con dos grupos de personas a cada uno de los cuales le pidieron que tratase de recordar alguna acción personal, moralmente buena en un caso, y reprobable en el otro. Después los informantes de cada uno de los grupos tuvieron que resolver adivinanzas léxicas sencillas que consistían en completar palabras (ej. W~~H, SH~~ER).
Se observó que aquellos que habían recordado un hecho inmoral tendían a completar los huecos formando palabras relacionadas con la limpieza (WASH-limpiar, SHOWER-ducha) en lugar de formar otras palabras también posibles (WISH, SHAKER). Recordar sus acciones inmorales había incrementado su necesidad de sentirse limpios físicamente.
Las personas en el grupo que habían pensado en acciones éticas no mostraron esa tendencia.
En un segundo estudio, los mismos autores analizaron si el recuerdo de una acción inmoral no solo influía en la accesibilidad mental de palabras relacionadas con la limpieza, sino si podía llegar a influir en la toma de decisiones.
Volvieron a pedir a un grupo de personas que recordaran alguna acción inmoral cometida en el pasado y después les ofrecieron un pequeño regalo por su participación en el experimento. Podían elegir entre un juego de toallitas limpiadoras o un bolígrafo presentados de manera que fueran igualmente atractivos. Aquellos que habían recordado una acción inmoral tendían a elegir como regalo el juego de toallitas limpiadoras en proporción estadísticamente significativa. La correlación entre moralidad y limpieza había influido en su elección.
En un experimento más reciente, Liljenquist, Zhong y Galinsky (2010) demostraron que la correlación entre moralidad y limpieza funcionaba también en sentido inverso, es decir, sensaciones físicas de limpieza motivaban acciones éticas.
En su estudio, aquellos participantes que se encontraban en una habitación que olía a limpio resultaron estar más predispuestos a colaborar en actividades de voluntariado o a hacer donaciones económicas que aquellos que habían sido colocados en una habitación con olor neutro.
Asignando a la oposición el rol de operadores de la máquina del fango en su carta inicial y autoerigiéndose en el líder que llevará a cabo la limpieza de ese fango en la declaración del lunes, Sánchez ha activado la correlación que subyace a la metáfora primaria:
MORALIDAD ES LIMPIEZA /
INMORALIDAD ES SUCIEDAD y esa asociación mental, como muestran los experimentos, es automática.
Imponer un marco conceptual como éste sobre sus adversarios en una carta tan mediática es una inteligente jugada comunicativa que tanto sus seguidores como sus detractores y los medios de comunicación (afines y contrarios) se han encargado de reforzar y amplificar durante estos días.
El problema que subyace a la activación del marco metafórico del fango y su correlación con la inmoralidad es que es muy difícil desactivarlo. La reacción lógica del oponente será negarlo, pero, como explica el profesor de lingüística cognitiva George Lakoff, para ello es necesario nombrarlo y, paradójicamente, cada vez que lo nombre lo estará reafirmando entre los receptores de su mensaje. El consejo del profesor Lakoff ante estas situaciones es que es mejor “atacar” que intentar defenderse. Esto implica no tratar de negar el marco que tu oponente te impone, no repetirlo, no tratar de argumentar en torno o en contra de ese marco.
La respuesta oficial del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijoo, a la carta de Sánchez es impecable en este sentido. En su comunicado evita toda referencia a este marco conceptual utilizando circunloquios como “lanzar graves y gratuitas acusaciones a los demás” o “la oposición, nos llame lo que nos llame…”, etc.
Sin embargo, algunas de sus declaraciones a la prensa durante estos cinco días de reflexión caen en la trampa de repetir el marco, creando eco y amplificándolo: “De aquí al lunes dirá (Pedro Sánchez): ‘Para parar a la derecha y a la extrema derecha voy a seguir al frente del partido y a la vez voy a empatar en el fango’, ha pronosticado Feijoo en una entrevista radiofónica. El líder popular ha insistido en que "desde que ha llegado, él (Pedro Sánchez) se ha movido en el fango”.
Cuando se desea desactivar un marco negativo, lo más eficaz sería, explica Lakoff, elegir otro marco narrativo que sea atractivo y que incorpore la postura que se quiere defender. Esto es lo que hace Feijoo en su respuesta oficial a la carta a la ciudanía de Sánchez cuando se refiere a ésta como “espectáculo de adolescente”, o dice textualmente: “Sé que muchos de ustedes están hartos de guiones en los que el protagonista es siempre el mismo, y el conjunto de ciudadanos no alcanzan ni la consideración de figurantes”. Un marco metafórico similar activa la portavoz de grupo popular al referirse a la carta como un episodio de una “telenovela”.
El marco inicial podría quedar desactivado si la oposición logra que estos nuevos marcos que equiparan la carta de Sánchez con un episodio de una telenovela, un teatro o un espectáculo adolescente prendan en la opinión pública y se hagan dominantes.
Pero quizás sería más inteligente contrarrestar la metáfora primaria inicial con otra del mismo tipo en lugar de usar metáforas por semejanza que carecen de base experiencial y corpórea y, por tanto, del automatismo de las anteriores.
Intentar desactivar una metáfora primaria, corpórea y experiencial (INMORALIDAD ES SUCIEDAD/FANGO) mediante una metáfora por semejanza (metáfora del teatro/telenovela) se antoja en términos cognitivos como intentar curar una herida con un trozo de cinta adhesiva en lugar de con una tirita. Parecen lo mismo, pero no funcionan igual, ya que ambos tipos de metáforas activan resortes cognitivos diferentes.
La luz
La evaluación de un comportamiento no solo se ve influida por la activación de marcos desagradables como el fango. Existen otras metáforas primarias que también están implicadas en nuestras apreciaciones y valoraciones de la realidad.
Igual que el cerebro fusiona conceptos como la limpieza / suciedad y la moralidad / inmoralidad, también evalua la bondad de los actos metafóricamente en términos de salud (por ejemplo, tener pensamientos enfermos) o de rectitud física (una persona torcida).
En un estudio publicado en 2019 observamos que en publicidad, otro contexto comunicativo en el que la persuasión es esencial, destaca el uso de la metáfora primaria LO BUENO ES LUMINOSO, que se manifiesta a menudo visualmente y que también nos permite evaluar la realidad desde una perspectiva experiencial y corpórea. Desde nuestra infancia experimentamos físicamente los beneficios de la luz. Allí donde existe nos sentimos seguros, podemos orientarnos, interactuar con los objetos que vemos y evitar tropiezos. Crecemos asociando la luz con lo bueno, mientras que la oscuridad queda unida en nuestra mente al miedo y a la inseguridad.
¿Se ha preguntado alguna vez por qué en muchos anuncios el producto refleja brillos o está rodeado por un halo luminoso? Estos efectos son solo formas de activar esta metáfora primaria que nos lleva a percibirlos de manera positiva a través de la asociación experiencial entre la luz y lo positivo.
En un reciente estudio hemos constatado la presencia de esta metáfora tanto en artículos tangibles, como en aquellos que tratan de vendernos servicios inmateriales.
Como las lingüistas del Grupo ICON de Cognición en Acción han mostrado repetidamente en relación con diversos ámbitos de la actualidad, la creación de narrativas metafóricas apropiadas en las que enmarcar las ideas que se pretenden comunicar es una estrategia comunicativa altamente efectiva. Introducir metáforas primarias bien elegidas en esas narrativas podría aumentar su efectividad activando proyecciones conceptuales de base corpórea y experiencial muy potentes.
El lenguaje es más poderoso de lo que pensamos. Una sencilla carta o declaración pueden contener metáforas con efectos sorprendentes sobre nuestra visión de la realidad e imponer un marco narrativo muy difícil de desactivar. Es necesario tener todo esto en cuenta antes de menospreciarlas, así como al intentar buscar marcos narrativos alternativos lo suficientemente potentes como para contrarrestar sus efectos.
Todo lo que tenía Hāger cuando llegó a España a través de una adopción era un nombre y no siempre había disfrutado de ese privilegio. No lo recibió al nacer, sino tiempo después. La cultura amhárica donde creció requería esperar hasta que un rasgo de su personalidad fuese lo suficientemente representativo para nombrarla. Hasta ese momento, sin nombre, Hāger era solo un ente más, indiferenciado, de la categoría niña. A partir de ese momento, se convirtió en una entidad concreta, en una persona con identidad propia.
«Lo que no se nombra no existe». Esta hipérbole se ha repetido hasta la saciedad, como un mantra, a modo de afirmación incontestable sobre el poder del lenguaje. Sin embargo, Hāger existía antes de recibir su nombre. El lenguaje no la creó. Lo que sí hizo al nombrarla, a modo de puntero láser, fue recortar su silueta entre todos los seres que conforman la categoría niña y diferenciarla de las demás: la hizo visible o, mejor dicho, más visible.
El lenguaje no es omnipotente, no crea la realidad, pero sí es poderoso: define, establece límites entre conceptos, nos confunde, nos engaña y es capaz tanto de empujarnos a la acción, como de paralizarnos… Comprender es ver y, para ver, a menudo necesitamos nombrar. Lo que no se nombra no se ve, o se ve menos.
Crecemos pensando que el lenguaje es algo tangible y material. Las palabras, los sonidos, las oraciones… nos entran por los ojos y por los oídos. Las palabras pueden ser bellas e hipnotizantes y también crueles y destructivas, como la lava de un volcán, pero, igual que esta, son solo la parte visible de todo lo que ocurre en zonas mucho más profundas, oscuras e inaccesibles de nuestro cerebro. Los engranajes más interesantes y relevantes del lenguaje son invisibles para los hablantes que lo usan cada día de su vida y que, como Hāger, adquieren su individualidad en el mundo gracias a él.
La lingüística y las ciencias cognitivas llevan décadas trabajando para sacar a la luz esos mecanismos pragmáticos y cognitivos que subyacen al lenguaje y cuyo funcionamiento, tan silencioso y oculto como constante y cotidiano, va dejando huella en las palabras que usamos, en la forma en que organizamos las oraciones e, incluso, en los silencios, en las palabras que no existen y en las que decidimos omitir en nuestras conversaciones. Analizando esas huellas, los lingüistas están logrando descifrar el poder invisible del lenguaje. Ese poder capaz de influir en nuestra visión del mundo, en nuestras emociones, en nuestra toma de decisiones… Ese poder, que en algunas culturas se llamaba brujería y en otras retórica, adopta formas muy variadas:
Umbrales
A finales del siglo pasado, Ronald Langacker fue uno de los primeros lingüistas en hablar de las palabras como puntos de acceso, umbrales a universos reales o imaginarios. Pronunciar una palabra es abrir una puerta y esta acción tiene ese punto de hechizo que hace que todo el universo que se esconde tras el umbral se haga visible en nuestra mente de forma automática.
Casi un siglo antes Ferdinand de Saussure ya había comenzado a descubrir la ciencia detrás de la aparente magia del lenguaje al revelar su naturaleza sistémica. Las palabras y los conceptos que estas nombran no están almacenados en nuestra mente de manera aislada, sino que se relacionan unos con otros. Sabemos que los sustantivos cereza, fresa, kiwi y sandía están relacionados porque todos son tipos de frutas (campo semántico). O que vino, espumoso, bodega y vendimiar, aunque pertenezcan a diferentes categorías gramaticales, también están psicológica y culturalmente relacionados.
Los millones de redes semánticas que forman las conexiones tejidas entre los conceptos almacenados en nuestra memoria explican la capacidad del lenguaje para hacer visible en nuestra mente incluso lo que no se nombra directamente. Escuchamos la palabra Ávalon y sin decir nada más… ¿quién no ha imaginado ya un reino, elfos, dragones y una leyenda medieval? Decimos malecón y la imagen de gente paseando, el mar, la humedad, hasta la música y los ritmos cubanos nos golpean cuando el sonido de esas letras llega a nuestros oídos. Las palabras nos hacen ver más allá de ellas. Son portales a universos conceptuales. Quien sabe elegir bien sus palabras construye y logra hacer visibles los mundos que le son más propicios para lograr sus fines. La escasez de palabras o su uso inapropiado nos cierra puertas. No nos permite ver ni actuar más allá del espacio limitado del aquí y el ahora.
Agujeros de gusano 4D
Las palabras son también agujeros de gusano que nos permiten viajar en el tiempo. Oímos la palabra guillotina y es casi imposible evitar la imagen mental de una plaza francesa del siglo XVIII en plena revolución. Los que sean de mi generación y escuchen la palabra pasamontañas volverán automáticamente al patio del colegio de alguna fría mañana de su infancia. Incluso algunos sentirán su cabello electrificado por el roce apretado de la prenda de lana al ponérsela. Metaverso nos hace viajar con gran expectación a un mundo futuro, aún inexistente, que cada uno visualizamos mentalmente a nuestro capricho.
Para entrar en el agujero de gusano y poder viajar a lomos de una palabra hasta esos otros mundos, hay que activar su significado cuando se desconoce. Oyes la palabra amodiño por primera vez y descubrir su significado es como pulsar el interruptor de la luz. En un clic un pequeño pedazo del mundo se ilumina: donde había oscuridad y vacío, ahora hay luz, estructura y conocimiento. ¿No sabes lo que es amodiño? Búscala en un diccionario de expresiones gallegas y sentirás ese efecto. Aparecerá delante de ti un mundo posible que antes no veías.
Cuando el interruptor falla
A finales del siglo XX, la psicóloga cognitiva Eleanor Rosch aportó evidencias que demuestran que no todas las palabras funcionan igual de bien a la hora de arrojar luz sobre el mundo. El interruptor funciona mejor con unas que con otras. Cierra los ojos y trata de visualizar mentalmente una camiseta. La luz se enciende automáticamente y la imagen de esa prenda de vestir aparece rauda en tu imaginación, ¿verdad? Ahora intenta imaginar el concepto ropa. No te esfuerces. No lo conseguirás. Ropa pertenece a un nivel superior de generalización. Las categorías de nivel básico, como camiseta, son visibles con el ojo de nuestras mentes. No ocurre lo mismo con las de nivel superordinado, como ropa, o con otras de naturaleza abstracta (amor, alegría, reflexión).
Los conceptos genéricos solo podemos visualizarlos parasitariamente, mediante el uso de una categoría de nivel básico (Ungerer & Schmidt, 2006, 2ªed). Para poder ver el concepto ropa mentalmente, tendremos que imaginar una o varias prendas de un nivel de categorización inferior: pantalones, faldas, camisetas… Los conceptos abstractos necesitan aún más ayuda para poder ser visualizados y comprendidos. Su abstracción los hace prácticamente invisibles para nuestra mente humana tan ligada a lo físico y a lo experiencial (Johnson, 1987, 1999). Para comprender y hablar de lo abstracto, necesitamos verlo, y por eso proyectamos sobre ello algo concreto y material. La herramienta conceptual encargada de realizar esta traslación de lo concreto a lo abstracto para facilitar su visualización y comprensión es la metáfora cognitiva (Lakoff y Johnson, 1980). La que usamos cada vez que decimos «Ah, ya lo veo» cuando en realidad queremos expresar que entendemos algo. Comprender es ver.
¿Cómo logramos pensar y hablar sobre conceptos invisibles a nuestros ojos como el amor, el enfado, la cólera o la rabia? Lo hacemos construyendo metáforas conceptuales. Proyectamos sobre estos sentimientos abstractos nuestro conocimiento de algo visible y material como, por ejemplo, un contenedor: los sentimientos son contenedores. Y voilá, ¡se hizo la luz! Algo tan etéreo e intangible como estar enamorada pasamos a visualizarlo mentalmente como estar dentro del contenedor del amor (en-amor-ada) y sentirnos afectados por su naturaleza. Lo mismo ocurre con en fadado (del Latín in (dentro) + fātum (calamidad)), en-rabietada, en-ternecido, en orgullecida, en-tristecido, en-colerizada… El prefijo en-, que significa dentro en latín, es la huella que deja la metáfora cognitiva que nos permite ver y hablar sobre sentimientos abstractos, inmateriales e invisibles para nuestra mente física.
Efectos ópticos
Pero cuidado, el lenguaje no siempre nos ilumina con luz certera. En el juego constante entre la realidad y nuestra representación lingüística de ella a menudo hay mecanismos invisibles que distorsionan la imagen final. Seguro que conoces esos efectos ópticos en los que dos cuadraditos de exactamente el mismo color parecen de tonos diferentes cuando son incrustados en marcos de diferentes colores. Este fenómeno óptico tiene sus correlatos lingüísticos.
La antropología, la pragmática y la lingüística cognitiva nos ofrecen sólidas evidencias de que el significado de las palabras varía según el contexto y el marco en el que se usen, ofreciendo así realidades imprevisibles y distorsionadas. Según el Diccionario de la Lengua Española, el significado del adjetivo asertivo/a es el siguiente: «Dicho de una persona: Que expresa su opinión de manera firme». Pero ese mismo adjetivo, utilizado en diferentes marcos, adoptará diferentes tonalidades semánticas, haciéndonos ver el mundo de manera diversa. Una mujer asertiva a menudo es vista como mandona, mientras que un hombre asertivo nos parece decidido y firme (Martín Barranco, 2020).
Efecto de los marcos conceptuales sobre el significado de las palabras.
En casos extremos, en contextos en los que la persona que se está describiendo es todo menos asertiva, una expresión irónica como «No puede ser más asertivo el pobre» significa exactamente lo contrario de su definición oficial.
Entender las palabras como meros contenedores de significado no nos deja ver el hecho de que la interpretación final del lenguaje la construimos juntos, los hablantes y los oyentes, en un contexto determinado e influidos por los marcos culturales adquiridos. Los significados que emergen de estos juegos invisibles no están en el diccionario, pero son en gran parte lo que hace del lenguaje un instrumento poderoso de expresividad infinita.
Zoom in, Zoom out
Jugamos con el zoom de las cámaras para agrandar los pequeños detalles del mundo que nos interesan (zoom in) o lograr panorámicas amplias y adoptar una perspectiva general cuando no nos interesa o no podemos profundizar en algo (zoom out).
El lenguaje es una cámara de alta definición que nos permite hacer exactamente lo mismo a la hora de presentar a los demás la información que queremos comunicar. El software lingüístico que utilizamos para ello se llama metonimia cognitiva y funciona sobre un hardware denominado dominio conceptual (Lakoff and Turner, 1989; Ruiz de Mendoza, 1999; Geeraerts 2006). Ese dominio es, a grandes rasgos, el conocimiento organizado que tenemos sobre algo.
Tanto si decimos «el vino abre el alma», como si pedimos «un Rioja», estamos haciendo referencia al mismo dominio conceptual: el vino. Cuando afirmamos que el vino abre el alma lo que realmente nos interesa son los efectos desinhibidores de esta bebida. Si no somos químicos o enólogos, no sabremos exactamente qué elementos o moléculas del vino y qué mecanismos son los que causan esa desinhibición, así que tomamos el todo (el vino) para comunicar esa parte específica del dominio conceptual que no sabemos nombrar o que sería demasiado complejo nombrar. Este zoom out lingüístico no se caracteriza por su exactitud, pero resulta comunicativamente más económico y eficaz que decir algo como «La dopamina liberada por el etanol y el glicerol abre el alma».
«El vino abre el alma». Metonimia todo por la parte (vino por efectos desinhibidores del vino).
Por el contrario, las metonimias conceptuales de la parte por el todo nos permiten hacer precisamente lo contrario: agrandar un elemento del concepto que nos interesa, un detalle que ahonda en la exactitud del mensaje y lo hace más rico. «Me tomé un Rioja» significa que me tomé un vino, pero en esta ocasión el hablante ha elegido usar un elemento concreto del dominio conceptual del vino (su denominación) para expresar el dominio completo (el vino), ofreciendo así mayor cantidad de información al oyente.
«Me tomé un Rioja». Metonimia parte por el todo (denominación rioja por vino).
Traje de invisibilidad y fundido en negro
El lenguaje también nos permite ocultar aquellas partes de la realidad que no nos interesa que se vean. «Se ha roto el jarrón», me informa mi hija con cara inocente. La pequeña culpable se ha envuelto en el traje de invisibilidad que le confiere el uso de la voz pasiva. «Decenas de mujeres mueren cada año asesinadas en España», dicen los titulares de los periódicos, invisibilizando el hecho de que este tipo de violencia es en su mayor parte cosa de hombres.
A los aspectos más duros de la vida, el lenguaje les hace un fundido en negro total. Perder un padre, aunque luctuoso, es algo natural y el hijo es un huérfano; pero no existe palabra en nuestra lengua para referirse a los padres que pierden a sus hijos. Como sociedad, los hispanohablantes hemos decidido ocultar esta situación tan desgarradora en la oscuridad de lo innombrable, intentando así alejar el dolor que nos produce.
A veces ese fundido en negro es involuntario e indeseado. A medida que un enfermo de alzhéimer olvida palabras, esas partes del mundo que designaban van desapareciendo para él. La posibilidad de interaccionar con la realidad, al no poder nombrarla, se desvanece. Algo parecido, pero a gran escala, ocurre cuando mueren los últimos hablantes de una lengua. El mundo, tal y como lo veía esa comunidad lingüística, se va borrando. Desaparece.
El canario de la mina
También hay ocasiones en las que necesitamos poder ver y comprender cuando nos encontramos en la más absoluta oscuridad, y allí volvemos a encontrarnos con el lenguaje como aliado. En muchos ámbitos de nuestra vida, el lenguaje es el canario de la mina. Nos avisa cuando hay algo tóxico o nocivo en nuestra sociedad y lo saca a la luz. La lingüística forense es una fantástica interprete de los trinos de ese canario que esclarecen crímenes y delitos (Queralt, 2019, 2021). También la lingüística clínica escucha sus cantos para descubrir patologías del lenguaje y de la cognición (Gallardo y Hernández, 2013). El lenguaje también nos avisa, si sabemos interpretarlo, de los abusos en la publicidad, en el discurso político y en cualquier otro contexto en el que la palabra pueda ser usada para dirigir el pensamiento y las reacciones de las personas (Enfield, 2022).
A menudo pensamos en el lenguaje como sonidos que flotan en el aire o letras plasmadas sobre un papel, pero es mucho más que eso. El lenguaje es un río caudaloso de capacidades cognitivas subterráneas, invisibles, que nos permiten comprender el mundo, observarlo desde distintas perspectivas, ver, incluso, lo que no es explícito y lo que es abstracto e imperceptible para nuestras mentes físicas, e interaccionar con ello.
El poder del lenguaje es invisible y mágico, sí. Pero gracias a la lingüística ahora sabemos que no es ilusionismo, ni brujería y que es mucho más que retórica. El lenguaje es un instrumento de cognición y comunicación avanzado que milenios de evolución humana han afinado y optimizado hasta convertirlo en la herramienta de precisión que ahora disfrutamos.
Las tres canciones finalistas del Benidorm Fest más populares ofrecen tres representaciones muy diversas de la mujer y un excelente material para entender cómo el lenguaje puede dirigir nuestro pensamiento hacia una determinada realidad de las muchas que conforman el mundo o, incluso, crear nuevos mundos posibles. Un análisis de sus letras en torno a varios conceptos clave de la lingüística cognitiva –metáfora, metonimia y marcos conceptuales– puede ayudarnos también a comprender las reacciones tan viscerales que ha despertado el resultado final del festival.
El “boom boom”
“¿Qué es el ”boom boom“ de la canción ganadora?”, le pregunto a mi hija adolescente. “Qué tonterías preguntas, mamá. Pues un culo”. Sin embargo, el diccionario de la RAE no recoge “trasero” como significado de “boom boom”. Tampoco en inglés, de dónde hemos tomado la palabra, tiene ese significado entre las acepciones incluidas en el Cambridge Dictionary. La lingüística cognitiva explica que “boom boom” se entiende con el sentido de “culo” gracias a una metonimia situacional.
La palabra “metonimia” surge de la unión de dos vocablos griegos: μετ– (meta-) o “más allá”, y ονομαζειν (onomazein) que significa “nombrar”, es decir, “dar otro nombre”. Ese nuevo nombre se toma de algún elemento que forma parte del mismo dominio conceptual del objeto que se pretende renombrar. Todos tenemos en mente escenas en las que una persona baila al ritmo de un sonido del tipo “boom boom” moviendo su trasero acompasadamente. Metonimia: la parte por la parte. Tomamos un elemento de esa situación (el “boom boom”) para referirnos a otro elemento de la misma escena (el culo que se mueve a su ritmo).
Sigo analizando la palabra con mi hija. “¿Y cómo te imaginas ese trasero?”. “Grande, inmenso”, contesta, dibujando dos círculos en el aire con sus manos. La mayoría de los hablantes estaría de acuerdo con su interpretación. De nuevo, nada en el significado de la palabra “boom boom” incluye el concepto de tamaño. El simbolismo fonético, sin embargo, nos reveló hace ya tiempo que los sonidos también significan. Vocales como [u], [o] y [a] activan en nuestra mente objetos grandes, mientras que otras como [e] o [i] nos hacen pensar en cosas pequeñas. Desde luego no es lo mismo “mi boom boom” que “mi biim biim”.
Tenemos así una canción que evoca, mediante una extensión metonímica y una pequeña dosis de simbolismo fonético, un gran culo femenino. Hasta aquí no habría nada muy diferente de la letra de la canción que quedó en segundo lugar, que se refiere a otra parte de la anatomía femenina, en este caso de manera literal (las tetas), o de la tercera, que pone el foco en las manos y el corazón. Lo que ha exaltado a mucha gente no es la imagen de un gran trasero moviéndose al ritmo de la música, sino el hecho de que ese culo, de nuevo mediante una metonimia o sinécdoque (la parte por el todo en este caso), representa a una mujer cuyo éxito en la vida parece depender únicamente de su hipersexualización.
Las palabras adoptan su verdadero significado gracias a los marcos conceptuales en los que se las coloca. Como decía John R. Firth, uno de los lingüistas más relevantes del siglo XX, “conocerás a una palabra por su compañía”. El “boom boom” de la canción de Chanel va acompañado, entre otros, por anglicismos como “monetary” y “daddy”. Los marcos conceptuales que activan estas palabras en el contexto de la canción incluyen “las relaciones sexuales entre hombres maduros y chicas jóvenes” y “el intercambio de favores sexuales a cambio de dinero”.
Mi hija adolescente me puntualiza que en su generación el término “daddy” no siempre es ya sinónimo de “sugar daddy” (hombre maduro y adinerado). El lenguaje evoluciona muy rápido entre los jóvenes… Parece que actualmente se usa también para referirse simplemente a un colega con el que se mantiene una relación sentimental. Lo que ignora mi hija es que, en cualquier caso, al usar “daddy” con su nuevo sentido, la palabra sigue manteniendo su significado original (hombre adulto-padre). Es lo que en lingüística denominamos “significado reflejo”. En palabras polisémicas, con varios significados, por debajo de las nuevas acepciones a menudo sigue latente la original, activándose silenciosamente en nuestra mente, influyendo en nuestra forma de ver la realidad sin que seamos siquiera conscientes de ello.
El lenguaje de la canción nos lleva así a un mundo misógino, sexualizado y sexista en el que el éxito de la mujer depende de su capacidad para volver locos a los “daddies”. Sin entrar en un análisis multimodal de la actuación, esta imagen queda resaltada también por los aspectos visuales de la puesta en escena y el propio ritmo de la música. La representación de la mujer en estos términos explica que una parte de la audiencia haya cuestionado el triunfo de esta canción en el festival y su elección para representar a España en Eurovisión.
Las tetas
Ay mamá, la canción de Rigoberta Bandini que ocupó el segundo puesto en la final, también toma una parte de la anatomía femenina como su tema central. En este caso lo hace de manera literal, llamándolo por su nombre (teta, pecho), lo que a primera vista podría resultar más transgresor que referirse al trasero femenino de manera indirecta como el “boom boom”.
Pero si analizamos con atención la “compañía” de las palabras “teta” y “pecho” en la canción de Bandini, observamos que el encuadre es muy diferente. La canción activa, de forma más o menos explícita, marcos conceptuales como el de la crianza (“a ti que siempre tienes caldo en la nevera”), la fertilidad (“tú que has sangrado tantos meses de tu vida”), el parto (“tú que amarraste bien tu cuerpo a mi cabeza”), la libertad (“sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix”) y el miedo (“no sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas”). La canción reivindica los pechos de la mujer como símbolo de la maternidad, la libertad, la lucha y la sensación de falta de seguridad física que aún, en pleno siglo XXI, sigue acechando a la mujer y obligándola a ocultar una parte de su cuerpo para evitar su sexualización.
La puesta en escena de la canción enriquece aún más la representación de la mujer que nos quiere transmitir. El centro del escenario está ocupado por una gran teta en forma de globo terráqueo que nos ofrece un interesante ejemplo de interacción conceptual o combinación de varios mecanismos cognitivos en la creación de significado. La teta representa a la mujer (metonimia de la parte por el todo nuevamente), pero al mismo tiempo, con una hipérbole visual, dirige nuestra interpretación hacia el pecho como metáfora del mundo, resaltando así la importancia de la mujer para la humanidad.
Rigoberta Bandini ha creado con el lenguaje verbal y visual de su canción una nueva realidad: se puede cantar y hablar de tetas y pechos abiertamente sin necesidad de activar el marco conceptual del sexo. La canción ha sido percibida como un homenaje intergeneracional a las madres y a las mujeres, generando emociones y sentimientos atávicos sobre la importancia de las mujeres para la humanidad que han conectado fácilmente con una gran parte de la audiencia. Todo ello puede explicar, en parte, el éxito de una canción probablemente llamada a convertirse en un himno.
El corazón y las manos
El motivo de la pandereta es el eje sobre el que se articula la canción de las Tanxugueiras, que quedó en el tercer puesto, siendo, sin embargo, la ganadora del voto popular. Es quizás ésta la canción más compleja en relación a su semántica, con dos planos bien diferenciados: el literal, que reivindica un mundo más inclusivo (“no hay fronteras”) y el simbólico, que vuelve a activar, esta vez de forma implícita, conceptos y sentimientos tan básicos como los de mujer, amor y tradición.
El vídeo oficial nos ofrece la pauta para comprender su mensaje. La pandereta en el centro de la imagen representando, en una hermosa metáfora visual y auditiva, el latido de un corazón con raíces a modo de venas. “Coa pandeireta na man” (“con la pandereta en la mano”), las cantantes traen en sus manos un corazón enraizado en la tradición. Paralelamente, las manos que tocan la pandereta representan (metonimia de la parte por el todo una vez más), a esas mujeres gallegas, garantes de la tradición, que cantaban mientras trabajaban. Manos maternales (“con xeito das nosas nais”, “con el arte de nuestras madres”) que proveen y protegen, que acogen al que llega. La canción nos conecta con ideas tan básicas y universales como el latido de un corazón de mujer y, por extensión (otra metonimia), de todo el pueblo al que esas mujeres representan. La conexión emocional casi inconsciente, visceral, con esta canción es también inevitable.
De aquí a mayo
Tres canciones. Tres partes del cuerpo femenino (culo, tetas, corazón/manos) que simbolizan tres mundos femeninos posibles. Tres marcos conceptuales (sexo/materialismo, maternidad/lucha, acogimiento/tradición) que ofrecen imágenes muy diversas de una misma entidad. El lenguaje no es inocente. Las palabras que elegimos no solo describen la realidad, también la crean. De aquí a mayo habrá miles de adolescentes y adultos en España tatareando una canción que habla de una mujer objeto sexual que no tiene problemas “monetaries” porque es infalible con los “daddies”.
Sin embargo, muchos ciudadanos españoles prefieren encuadrar su realidad en otros marcos. Según ha hecho público RTVE, el 18,08 % del voto popular se decantó por un mundo en el que los pechos de la mujer simbolizan la libertad, la belleza y la humanidad. El 70,75 % eligieron sus manos como símbolo de la tradición y su corazón, enraizado, acogedor e inclusivo, en forma de pandereta. Solo un 3,97 % optó por una canción que muestra a la mujer como objeto sexual para representar a España en Eurovisión. Hay margen para la reflexión y, en el caso de las unidades y observatorios de igualdad de género, posiblemente también para la acción.